Por Jorge Alberto
Oropeza.
Después de casi cuatro
décadas de la llegada del régimen islámico, el Consejo Guardián de Irán decidió
permitir la candidatura femenil en 2021: un acto celebrado por las peleadoras
por los derechos de la mujer, en un país consumido por el machismo sistémico
instruido desde la revolución islámica.
En una conferencia de
prensa dada el 10 de Octubre de este año habló Abbas-Ali Kadkhodaei,
representante del cuerpo ultraconservador que gobierna Irán, en donde se
explicó a los reporteros que no habría prohibición para candidatas femeninas en
las elecciones del próximo año.
Aunque ha sido en su
mayoría aceptado y celebrado por activistas por los derechos de las mujeres
dentro de país, el proceso es apenas un paso más dentro del régimen instituido
en 1979: en el portal de Asia Times, Khourosh Ziabari reportó que la elección
de febrero del 2020 demostró una participación total de menos del 43%, mientras
que en Tehran solamente se registró una participación del 22%. (Ziabari, 2020).
Para llegar a comprender
el declive y posible desilusión de los ciudadanos del régimen, tendríamos que
contextualizar la vida política de las mujeres después de la instauración de la
República Islámica y la lucha de las ciudadanas para obtener un lugar en la
opinión pública.
Después de la Revolución
A pesar de que en la
revolución iraní tuvo una participación femenina alta, principalmente en su
organización, muchos de los derechos ganadas durante la época del Shah (el rey)
fueron removidos sistémicamente después del triunfo de la revolución.
(Sanasarian, 1982). Por ejemplo, la abolición de los derechos instaurados que
daban derechos sobre la planeación familiar y en su lugar corrió el rumor que
se obligaría el uso hijab[1] o
chador[2] según
la nueva ley basada en la teocracia de la revolución.
Pronto, los rumores se
convirtieron en realidad y el uso del velo se convirtió en obligatorio. Este
último encendió protestas en todo el país, no por la pelea de derechos de la
mujer, sino para mantener los derechos que ya se habían logrado durante la
época del rey Muhammad.
Se hicieron varios
intentos colectivos durante el año de instauración de la ley (1979), uno en marzo,
otro en diciembre y uno después del decreto de la constitución islámica que
eliminaría todo decreto hecho durante el régimen del Shah.
Estas manifestaciones
fueron en su mayoría poco útiles: el ambiente político de Irán se oponía a los
pequeños movimientos prerrevolucionarios. Por un lado, los ultraconservadores de
derecha se oponían abiertamente a estas demostraciones y la izquierda no tenía
una estrategia conjunta que persiguiera los objetivos de los derechos de la
mujer.
Poco tiempo después, una
de las activistas y primera mujer en servir el parlamento iraní, Farrokhroo
Parsay, fue ejecutada. Ella sentó un precedente en el modelo Iraní desde antes de
la revolución, buscando crear una visión igualitaria para las mujeres
principalmente a través del sufragio femenino. En 1965 fue elegida ministra de
educación y al mismo tiempo publicó en varias revistas de publicación
científica en equidad de género. (Hansen, 2009).
Fue la primera vez que una mujer ocupó un
puesto político de tal nivel; también fue la primera demostración del régimen bajo
la ley teócrata al fusilarla viva después de casi un año de cárcel.
Los cambios durante el
régimen islámico y el activismo iraní
Hasta el año 2000, la
constitución elaborada por la derecha ultraconservadora del régimen instauró
varias leyes que violaban los derechos de la mujer no sólo en las esferas públicas,
sino también privadas.
La investigadora Majid
Mohammadi en su artículo “Iranian Women and the Civil Rights Movement in Iran:
Feminism Interacted” de 2007, explicó algunos ejemplos que limitaron la vida
publica y privada de la mujer en su tiempo: la inhabilidad de trabajar,
divorciarse, trabajar o salir de casa sin permiso de su esposo, segregación por
sexo en escuelas, autobuses, actividades educativas y códigos de vestir rigurosos
(uso de velo obligatorio), entre otros. (Mohammadi, 2007).
Las leyes instauradas
dieron una disparidad social enorme, desde meterse en la vida privada, desde si
podían estudian, cómo se podían vestir, hasta aspectos de la vida pública cómo
la aparición de cantantes femeninas en la radio, al punto de reforzar la idea
de castidad religiosa y modestia como valor y parte de la moral pública. Sobre
todo, prohibieron a la mujer de participar en rangos militares y de poder
participar en cualquier rango judicial o administrativo.
Ante esto, Majid (2007)
comentó que una ola de feminismo nació a pesar de las desventajas sistémicas y
estructurales. Después del comienzo de la guerra de Iran e Iraq, el activismo
comenzó a elevarse en la era posrevolucionaria a través de círculos seculares o
religiosos y espacios académicos. Hacia finales de los años ochenta, un sondeo
registró que más del 50% de ocupación universitaria era femenina. Esto
empujaría el interés académico en estudios de género y ayudaría a las nuevas
generaciones a interesarse por la opinión pública. (Mohammadi, 2007).
Hacia los años noventa,
la presión por reformas sociales y desarrollo tomaron su camino: la actitud de
las nuevas generaciones sobre las relaciones maritales y el divorcio cambiaron.
El cambio de la tasa de divorcios de ocho por cada 100 matrimonios en 1988 a
doce por cada 100 en 1996 demostraron un creciente movimiento por los derechos
de decisión dentro de su familia. (Mohammadi, 2007).
El cambio en 1992 en la
integración de las mujeres a la fuerza de empleo, así como las reformas en los
movimientos civiles del parlamento iraní en 1996 empujaron a grandes cambios
dentro de la sociedad iraní. La forma en que las relaciones seculares y
académicas avanzaron a final de la década dieron paso a una generación que basó
la pelea por los derechos de la mujer iraní desde una perspectiva nueva.
El cambio en la vida
política y social actual
Actualmente no hay una
prohibición legal explícita en contra de la vida política de las mujeres en Irán.
Sin embargo, Reza Shafiee (2017) mencionó en su artículo para el portal Al
Arabiya que a pesar de que los teócratas que lideran la nación no se oponen a
la equidad de género, las leyes siguen dando un trato subhumano en el país.
(Shafiee, 2017).
Las prohibiciones
sociales han continuado, desde la demostración de tortura y humillación pública
por la vestimenta y el exceso de la brutalidad policiaca en casos. Ahora el
acceso a Youtube nos permitió ver uno de muchos ejemplos, el caso de una chica
de 14 años brutalmente lastimada por usar pantalones de mezclilla rasgados en
2014.
Una de las restricciones
sociales fuertes que continúan es el impedimento de asistir y ver partidos de
fútbol. En Octubre de 2019 miles de mujeres se manifestaron en Tehran y
entraron al estadio mixto después de casi 31 años de estar vetadas de eventos
públicos.
El acceso se dio únicamente a cuatro mil
mujeres, después de que una seguidora de partidos fuera perseguida legalmente
por tratar de entrar a un estadio sin permiso y en protesta se incendiara
enfrente de un juzgado en Tehran. La denominada “Chica Azul de Irán” se volvió
viral en redes sociales y volvió a levantar la discusión del rol de la mujer en
la sociedad iraní.
A través de los años el
número de mujeres participantes en la vida pública ha aumentado, en especial en
el ámbito electoral.
Un ejemplo reciente fue
Azam Taleghani, exministra e hija de un teólogo y reformista importante,
Ayatollah Mahmoud Taleghani. Ella se registró cinco veces consecutivas para las
elecciones presidenciales entre 1997 y 2017 y el Consejo Guardián de Irán
descalificó su participación en cada una de las veces hasta su muerte en 2019.
(Ziabari, 2020).
Algo que quedó claro de
la participación de Azam es que los estudios de la mujer al igual que la
participación política están fuertemente arraigados en los círculos seculares,
creando su propia visión de estudios de equidad de género desde una postura no
occidental.
Se espera que el
prospecto de candidatos femeninos apoye al incremento de la participación
electoral e inspire la legitimidad del estado. Samaneh Savadi, activista por
los derechos de equidad de género Iraní comentó: “A pesar de que las mujeres en
Irán tienen derecho a votar, manejar, a la educación y ahora a estar en las
elecciones parlamentales, la lista por los derechos que están peleando es
interminable”. (Ziabari, 2020).
“En algunos casos, estos
son derechos humanos básicos, como la maternidad de sus hijos, el derecho al
divorcio, a dejar el país o tomar algún trabajo durante el matrimonio”, comentó
la activista.
El anuncio para el
registro de las candidaturas femeninas presidenciales es un paso más para el
cambio continuo, no sólo de la vida y esfera política de las mujeres en Irán,
sino de los derechos humanos que afectan la calidad de vida en los aspectos
públicos y privados de la vida de la mujer en Irán.
Referencias
Center for Human Rights in Iran.
(2019, 15 octubre). Women in Iran Make History as Thousands Attend Football
Game. https://iranhumanrights.org/2019/10/women-in-iran-make-history-as-thousands-attend-football-game/
Hansen, L. H. (2009, 23 agosto). Executed
But Not Forgotten: Iran’s Farrokhroo Parsay. NPR.
https://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=112150486
Mohammadi, M. M. (2007). Iranian
Women and the Civil Rights Movement in Iran: Feminism Interacted. Journal of
International Women Studies, 9(1), 1-22.
https://vc.bridgew.edu/jiws/vol9/iss1/1/
Shafiee, R. S. (2020, 20 mayo). Iran:
Where the regime opposes women’s rights. Al Arabiya English.
https://english.alarabiya.net/en/perspective/features/2017/11/21/Iran-Where-the-regime-opposes-women-s-rights
Ziabari, K.
Z. (2020, 20 octubre). Iran
clears path for women to run for president. Asia Times. https://asiatimes.com/2020/10/iran-clears-path-for-women-to-run-for-president/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario