Por Jorge Alberto Oropeza
En algún momento leí “Cartas a una joven desencantada con la democracia” de José Woldenberg y hay algo muy cierto en el énfasis de Woldenberg sobre Karl Popper: “[…] La democracia es superior a cualquier otro régimen de gobierno: es el único que permite el cambio de gobernantes sin tener que acudir al costoso expediente de la sangre”. (Woldenberg, pág. 61, 2017). A veces cuesta recordarlo por la normalización de las elecciones, lo cotidiano de los cambios de partido o las excesivas riñas entre gremios políticos. Pero nuestra democracia es joven. Podríamos de hablar desde la revolución, pero hablemos del actual “estado social” creado a partir de las elecciones del 2000 y la creación del entonces IFE (ahora INE). ¿Cómo ha cambiado nuestro rol cómo periodistas del cuarto poder? ¿Cómo han cambiado las obligaciones cómo vigilantes de los actores políticos?
Para algunos la política y democracia de este país son un juego económico y de poder; no dudo que lo sea, pero tampoco dudo su pertinencia para el modelo de estructura social que tenemos. Y algo que debe quedarnos claro es la importancia de nuestro sistema y que no demos por sentado los pasos legislativos y estructurales que se deben dar hacia un país verdaderamente democrático. Nos dejamos guiar por los procesos de “pan y circo”, pero al mismo tiempo han surgido voces que han permitido la vigilancia y tratamiento de los actores políticos: ¿Qué ese no es nuestro rol como cuarto poder?

«Nuestra “nueva” obligación es la de crear ciudadanos críticos ante la totalización de datos que nos provee la era digital. Es conocer, aprender y aprehender la información para generar conciencia ciudadana a partir de nuestras voces, letras digitales o medios
audiovisuales.» (Imagen de Mafalda de Quino)
Algunos darán por sentado su derecho a soltar sus “opiniones” en internet, sin darse cuenta el legado de periodistas que han construido (y deconstruido) el sistema para llegar a dicha libertad. Y las voces que se alzan no siempre son ruido: nos ayudan a encontrar tranquilidad entre los claroscuros de la edad posinformación. Blogs y portales electrónicos como Animal Político y Verificado han ayudado a crear estados civiles de vigilancia política, después del fallo de modelo económico en varias revistas de análisis político. Las herramientas creadas en el nuevo modelo nos ayudan no sólo con la denuncia, a veces oportuna, sino que también nos han ayudado a crear herramientas viables para ayudar a democratizar la vigilancia del estado.
Nuestro deber como periodistas crece día con día. A pesar de que la censura sistemática es un proceso que se desvanece con la exposición de los actores políticos, la necesidad de análisis crítico es cada vez más necesaria. No sólo somos salvaguardas de los artículos universales de comunicación y pensamiento. La vigilancia del nuevo estado social, multipartidista y democrático está aunado a la creciente sociedad digital que nos rodea. Las redes sociales abundan de información errónea, bots partidistas y apartidistas y en general ruido que quizá era menos frecuente en la era análoga. El deber principal de esta nueva realidad no es esclarecer datos ni abrir vías comunicativas (claro, siempre con necesidad de crecimiento), sino de darle sentido crítico a la cantidad de información que, vulgarmente, escupe el estado social.
Nuestro deber como periodistas crece día con día. A pesar de que la censura sistemática es un proceso que se desvanece con la exposición de los actores políticos, la necesidad de análisis crítico es cada vez más necesaria. No sólo somos salvaguardas de los artículos universales de comunicación y pensamiento. La vigilancia del nuevo estado social, multipartidista y democrático está aunado a la creciente sociedad digital que nos rodea. Las redes sociales abundan de información errónea, bots partidistas y apartidistas y en general ruido que quizá era menos frecuente en la era análoga. El deber principal de esta nueva realidad no es esclarecer datos ni abrir vías comunicativas (claro, siempre con necesidad de crecimiento), sino de darle sentido crítico a la cantidad de información que, vulgarmente, escupe el estado social.
La necesidad de análisis es clara y contundente: si antes el actor ciudadano actual no lograba distinguir entre información fidedigna, ahora entre la marea de datos y la generalización de información nos ha desapegado del lente crítico. La marea (de datos) nos marea. Y eso, en la lucha “ganada” de la transparencia, únicamente da ventaja a los actores políticos que llegan a manipular al mismo Estado en su beneficio.
El rol del periodismo político siempre será el de la vigilancia de dichos actores políticos, pero el día de hoy requiere ponernos una obligación más. Ya no sólo tenemos la labor de democratización de la información ni de la transparencia de datos, dado que la evolución sistemática y tecnológica han ayudado a este proceso. Nuestra “nueva” obligación es la de crear ciudadanos críticos ante la totalización de datos que nos provee la era digital. Es conocer, aprender y aprehender la información para generar conciencia ciudadana a partir de nuestras voces, letras digitales o medios audiovisuales. Porque el rol de vigilancia ciudadana cómo cuarto poder se expande a no sólo salvaguardar los derechos que tenemos como comunicadores. Nos obliga a crear lo que el estado social no ha logrado en los últimos veinte años: un motor de cambio para la desigualdad social con la participación ciudadana.
Referencias:
Han, B. (2016). La sociedad de la transparencia (2013.a ed.). HERDER.
Woldenberg, J. (2017). Cartas a una joven desencantada con la democracia. editorial Sexto Piso.
Publicado par el blog Tiempos de Periodismo.

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